Mi hijo Andrés tiene siete años. Es complicado, tanto para la madre como para mí, trabajar con él en casa. Sin embargo, tiene dos entretenimientos básicos: jugar con bloques de construcción y “ver dibujitos”. Vaya uno a saber de dónde sacó el término “dibujitos”: papá es fanático del cine de animación y odia esa forma despectiva de referirse a un arte excelso.





















