En plena Semana Santa de 1998, Goya vivió una de las peores tragedias climáticas de su historia. Las intensas lluvias, con un registro cercano a los 330 milímetros, sumadas a la crecida del río y su desborde, dejaron a la ciudad bajo agua.
La emergencia golpeó con fuerza a toda la comunidad y provocó un escenario dramático: siete personas murieron, cerca de 40 mil vecinos debieron ser evacuados y las pérdidas en el sector agrícola se estimaron en 1.500 millones.

Durante la gestión del entonces intendente Víctor “Pacho” Balestra, Goya no contaba todavía con las defensas necesarias para contener un evento de esa magnitud, lo que agravó aún más las consecuencias del temporal. El agua avanzó sin control y dejó una marca imborrable en la memoria colectiva de los goyanos.
Al cumplirse casi 3 décadas de aquel episodio, la inundación de 1998 sigue siendo recordada como una de las mayores catástrofes climáticas que sufrió la ciudad, tanto por su impacto humano como por el enorme daño material y productivo que provocó.























