
Desde que afianzaron su vínculo en 2011, Lourdes Sánchez y Pablo “el Chato” Prada construyeron un hogar que mezcla el brillo de la televisión con la calidez familiar. Junto a su hijo Valentín viven en una residencia correntina que se destaca por su tamaño y por la presencia constante de áreas verdes y luz natural.
Los amplios ventanales conectan cada ambiente con el jardín y la pileta, generando un microclima de tranquilidad. El living principal funciona como tarjeta de presentación: una araña escultórica baja desde el techo y baña de luz un conjunto de sillones en capitoné oscuro que realzan la sobriedad del espacio hogar.

La cocina se diseñó para ser a la vez práctica y fotogénica: muebles con aire vintage conviven con mesadas blancas y soluciones pensadas para grabar recetas y escenas cotidianas. Con asesoramiento de la decoradora Carina Michelli, el ambiente quedó dispuesto como un set cálido que facilita la vida diaria y la recepción de visitas.
El vestidor, la pieza mimada
Lo que antes era una terraza terminó transformado en un ropero monumental supervisado por la propia artista. El vestidor dispone de muebles de ocho niveles, cajoneras con frentes de vidrio y estantes a medida, aptos para alojar una colección de más de 200 pares de zapatos, según las publicaciones de la pareja.

Un quincho pensado para la familia
El quincho funciona como una unidad independiente que integra cocina, comedor y living, con mobiliario en grafito y estanterías de caño que le dan un aire industrial pero acogedor. La mesa de madera natural soporta hasta 16 comensales y un hogar a leña central asegura uso en todas las estaciones.
El cuarto de Valentín pasó de ser habitación de bebé a un dormitorio infantil contemporáneo, diseñado con especialistas en interiorismo. Predominan los tonos gris y celeste, muebles que maximizan el almacenamiento y propuestas lúdicas que equilibran el descanso con el juego y la funcionalidad para el día a día.
Además de la casa principal, la pareja concluyó recientemente una vivienda campestre chic a orillas de la Laguna Brava, a pocos kilómetros de la capital correntina. Es una construcción de planta baja con ventanales que priorizan las vistas al espejo de agua y la sensación de retiro cerca de la naturaleza.
Las decisiones de reforma y la selección de objetos muestran el gusto compartido de Lourdes Sánchez y el Chato Prada por combinar espectáculo y tranquilidad privada. Entre el verde, los espacios sociales y las piezas pensadas, la casa se afirma como escenario tanto para la vida familiar como para recibir amigos con comodidad y estilo cuidado.






















