Entre 1508 y 1512 convirtió la bóveda en una epopeya visual del Antiguo Testamento.
El contrato original era para un monumento funerario, pero la relación con Julio II se tensó cuando, según Miguel Ángel, “cambió de opinión y ya no quiso hacerlo” y el artista abandonó Roma por la ofensa. Pese a eso, el pontífice lo reclamó de nuevo para el proyecto que reimaginaría la capilla.
El trabajo en lo alto fue tortuoso: Miguel Ángel rechazó el andamiaje inicial y exigió uno distinto; pintó desde posiciones penosas y sufrió el cansancio. Sobre esa fatiga dejó constancia lírica: “Los lomos se me han metido en la tripa y con las posaderas hago de contrapeso y me muevo en vano sin poder ver”.
La técnica del fresco no perdona: hay que aplicar color sobre enlucido fresco y resolver secciones por jornada. El experimento inicial con una receta florentina fracasó en Roma; el Diluvio Universal tuvo que rehacerse por humedades y moho. Tras meses de ensayo y error, Miguel Ángel dominó el procedimiento y trabajó casi en soledad.

Restauración y color
Las limpiezas de los años 1990 devolvieron la intensidad cromática original y pusieron en evidencia la maestría técnica de Miguel Ángel. La intervención despertó debate entre conservadores, pero reveló cómo la Capilla Sixtina conservaba una paleta vibrante que había sido oscurecida por siglos de hollín y barnices y mostró la escala monumental del proyecto.
El Juicio y la polémica
Veinte años después, en 1536-1541, Miguel Ángel regresó para pintar el Juicio Universal en la pared del coro, encargo iniciado por Clemente VII y reafirmado por Pablo III. La obra potenció el cuerpo humano como protagonista y causó escándalo por los desnudos; décadas después se aplicó el conocido imbraghettamento para cubrir las figuras.
La obra fue presentada el 31 de octubre de 1512 y pronto atrajo admiradores y detractores por igual; Alfonso d’Este fue uno de los primeros visitantes privilegiados. Tras la muerte de Miguel Ángel, Daniele da Volterra realizó las modificaciones para ocultar desnudos. Hoy la Capilla Sixtina sigue siendo un baluarte del Renacimiento y un símbolo cultural ineludible.






















