El cuerpo humano pierde líquidos de forma constante durante el verano a través de la transpiración y la respiración, incluso sin realizar actividad física intensa. Cuando esa pérdida no se repone adecuadamente, puede aparecer una deshidratación leve pero sostenida que no siempre genera síntomas evidentes, afecta el bienestar diario y aumenta el riesgo de complicaciones asociadas al calor.
Durante los meses de altas temperaturas, este cuadro es más frecuente de lo que se cree y suele pasar desapercibido. Especialistas en salud advierten que identificar ciertas señales a tiempo permite prevenir situaciones más severas, como el golpe de calor, especialmente en contextos de exposición prolongada al calor.
Señales que pueden indicar deshidratación en verano
Reconocer los primeros indicios resulta clave para actuar antes de que el cuadro avance. Entre las señales más habituales que pueden alertar sobre una hidratación insuficiente se encuentran:
- Orina de color oscuro: es uno de los indicadores más claros de que el cuerpo no está recibiendo suficiente agua. Tonos claros suelen asociarse a una hidratación adecuada.
- Sequedad en la boca y labios: sensación persistente de boca seca, incluso sin haber hablado mucho o realizado esfuerzo físico.
- Cansancio o fatiga constante: una baja en los niveles de energía que no siempre se relaciona con falta de descanso.
- Dolor de cabeza leve o recurrente: especialmente en jornadas calurosas o tras varias horas sin ingerir líquidos.
- Sensación de calor excesivo: dificultad para regular la temperatura corporal, aun en reposo.
Los especialistas remarcan que la sed no siempre es un indicador confiable, ya que cuando aparece, muchas veces el cuerpo ya se encuentra deshidratado.
Quiénes presentan mayor riesgo
La deshidratación silenciosa afecta con mayor frecuencia a ciertos grupos. Los niños y los adultos mayores suelen percibir menos la necesidad de beber agua y, por lo tanto, requieren un control más atento. También están en mayor riesgo quienes trabajan o pasan muchas horas al aire libre, así como las personas expuestas a ambientes calurosos o con actividad física prolongada.
Recomendaciones para prevenir la deshidratación
Para evitar este cuadro, los especialistas recomiendan incorporar hábitos simples pero constantes:
- Beber agua de manera regular durante todo el día, sin esperar a sentir sed.
- Aumentar el consumo de líquidos en días de altas temperaturas o mayor actividad física.
- Controlar el color de la orina como referencia práctica del nivel de hidratación.
- Prestar especial atención a niños y adultos mayores, recordándoles beber agua con frecuencia.
- Elegir agua de calidad y baja en sodio para el consumo cotidiano, evitando un aporte innecesario de este mineral.
Mantener una hidratación adecuada durante el verano no solo ayuda a prevenir emergencias vinculadas al calor, sino que también contribuye al rendimiento físico, la concentración y el bienestar general. Incorporar estas señales y recomendaciones como parte de la rutina diaria puede marcar una diferencia clave para atravesar las altas temperaturas de manera más segura y saludable.




















