
La Organización Mundial de la Salud informó que en 2021 se registraron 11,9 millones de nuevos accidentes cerebrovasculares en el mundo. Además, el riesgo de atravesar uno a lo largo de la vida aumentó un 50 por ciento en las últimas dos décadas, y se estima que uno de cada cuatro adultos podría sufrir un episodio.
En la Argentina, durante 2026 se puso en marcha el Programa Nacional para el Diagnóstico y Tratamiento del Accidente Cerebrovascular, destinado a mejorar la coordinación entre los servicios de emergencia y los hospitales, reducir los tiempos de atención y ampliar el acceso a tratamientos.
Cara, brazos, habla y equilibrio: dónde se activan los síntomas de un posible ACV
Reconocer rápidamente los síntomas puede resultar determinante. Muchas veces es un familiar, un compañero de trabajo o alguien cercano quien nota primero que algo cambió.
Entre las principales señales de alerta se encuentran:
- Un lado de la cara caído o desviado al sonreír
- Debilidad o pérdida de fuerza en un brazo o una pierna
- Dificultad para hablar, pronunciar palabras o comprender
- Mareos repentinos o pérdida de coordinación
- Cambios bruscos en la visión
- Dolor de cabeza súbito e intenso, especialmente en determinados accidentes cerebrovasculares hemorrágicos
Ante cualquiera de estos síntomas, la recomendación es pedir asistencia médica de inmediato y no esperar a comprobar si desaparecen.
Incluso cuando las manifestaciones duran poco tiempo y luego se revierten, pueden corresponder a un episodio transitorio que necesita evaluación urgente.
El tiempo es especialmente importante en los accidentes cerebrovasculares isquémicos, producidos por la obstrucción de una arteria. En algunos pacientes, la trombólisis puede indicarse durante las primeras cuatro horas y media. Se trata de un tratamiento médico de urgencia que consiste en usar medicamentos para disolver los coágulos de sangre (trombos) que tapan una arteria o una vena.
La decisión depende de los estudios por imágenes y de la evaluación médica. También resulta importante recordar la hora en la que comenzaron los síntomas y no administrar medicamentos por cuenta propia.























