
Un nuevo estudio confirma que los microbios de la icónica cascada carmesí provienen de un antiguo mar que quedó aislado bajo el hielo hace millones de años.
Según un estudio liderado por universidades de Estados Unidos y Suecia, el misterioso flujo rojo de las Cascadas de Sangre, en el Glaciar Taylor, es en realidad un reservorio de vida ancestral. Este entorno extremo funciona como un refugio donde microorganismos marinos han evolucionado de forma independiente desde que quedaron atrapados bajo la espesa capa de hielo.
El estudio, publicado en la revista Nature Geoscience, describe este lugar como un raro refugio marino en medio del desierto polar. Los científicos analizaron 167 muestras de agua, sedimentos y hielo, utilizando secuenciación de ADN para identificar miles de microorganismos activos que normalmente habitan en el océano, como diatomeas, dinoflagelados y ciliados.

Un posible refugio de vida antigua bajo el hielo
El estudio fue dirigido por la microbióloga Angela Zoumplis de la Universidad de California en San Diego y destacó que las Cataratas de Sangre podría conservar descendientes de una comunidad marina aislada durante millones de años. El lugar fue descubierto en 1911 por Thomas Griffith Taylor.
La salmuera hipersalina pudo actuar como refugio al mantener bolsas de agua líquida bajo el hielo y permitir la supervivencia de algunos organismos. Ciertos linajes pudieron pasar largos periodos en estado latente antes de reactivarse cuando las condiciones lo permitieron.
Si esa interpretación es correcta, las Cataratas de Sangre preservaría descendientes vivos de un ecosistema anterior a la actual capa de hielo antártica. El estudio perfila esa zona como un caso de interés para investigar ecosistemas relictos y reconstruir cambios ambientales del pasado.
La evidencia microbiana que apunta a un origen marino
Para caracterizar los microorganismos presentes, los investigadores analizaron muestras de las Cataratas de Sangre, de la región más amplia de los Valles Secos de McMurdo y de ambientes marinos cercanos.
El objetivo fue determinar si en la cascada existe una comunidad microbiana distintiva, posiblemente remanente de condiciones antiguas. “Los hallazgos de este estudio revelan un predominio de linajes eucariotas marinos en el área de las Cataratas de Sangre”, escribieron los investigadores en el estudio.
La misma señal apareció entre los procariontes, aunque con menor intensidad. “Esta señal marina es menos prominente pero aún detectable en la estructura procariótica”, añadieron los autores.
El estudio comparó las comunidades microbianas de las Cataratas de Sangre con muestras oceánicas cercanas y con otros puntos de los Valles Secos. Las Blood Falls compartía poco más del 9% de sus eucariotas con el océano, frente a alrededor del 1% en el resto de la región.
























